Sector Cultural en México

La cultura es ampliamente reconocida como un catalizador de desarrollo humano sostenible, las actividades económicas del sector cultural agregan valor económico y social a naciones e individuos. Constituyen una forma de conocimiento que se traduce en empleos y abundancia, y consolidan la creatividad —su materia prima— para fomentar la innovación en los procesos de producción y comercialización.

En años recientes, el papel de la cultura ha surgido como un elemento estratégico para el desarrollo sostenible tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Por ello, resulta de gran relevancia generar evidencia cuantitativa e indicadores para poner en evidencia el rol de la cultura en la economía, el comercio y la sociedad.

A partir de esta generación de información y estadística realizada, México se identifica como una potencia económica y creativa con un recurso abundante: la creatividad. El Sector Económico de la Cultura y la Creatividad comprende un conjunto de unidades productoras de bienes y servicios culturales, incluidas las micro, pequeñas, medianas y grandes empresas, ya sea de capital privado o bien gubernamental, cuyo principal insumo es la creatividad. Bajo este contexto económico se identifican argumentos suficientes para caracterizar a la cultura como un sector productivo y rentable, con un enorme potencial para contribuir en el crecimiento de nuestro país.

Contribución de la Cultura al PIB Nacional

Destaca que las actividades que tienen como insumo principal la creatividad, es decir, las Industrias Culturales y Creativas (ICC), han adquirido notable importancia en la escena del país. Actualmente contribuyen con 7.3% del Producto Interno Bruto de manera anual, lo cual muestra a un sector que tiene una productividad dos veces por encima del promedio nacional[1].  Lo anterior revela la importancia de la creatividad en México, sobre todo tomando en cuenta que esta ha aumentado en su porcentaje del PIB en un 1.2% de 1998 a 2008.

Adicionalmente, las Industrias Culturales son el quinto sector más relevante en la economía mexicana, posicionándose como uno de los principales sectores productivos de la economía, superando a la industria textil y la automotriz. Si tomamos en cuenta la aportación del turismo cultural al PIB, la participación de las Industrias Culturales como porcentaje del producto bruto aumenta de 7.3% a 9%. Con ello el sector cultural asciende al cuarto lugar de relevancia económica, superando incluso a la industria turística.

Por otro lado, al analizar al sector en la balanza comercial se observa que este es un sector superavitario. En promedio, las exportaciones de bienes y servicios basados en la creatividad mexicana superan a las importaciones de bienes creativos extranjeros, 12.5% y 7.6% respectivamente. Una vez más, el sector es más productivo que la economía en su conjunto, pues México es un país generalmente caracterizado por tener una balanza comercial deficitaria. El superávit comercial generado por las industrias culturales representa el 18.92% de la IED en México o 88% de los ingresos netos por turismo internacional.

En cuestiones de empleo, la mano de obra creativa representa el 3.66% del mercado laboral[2], considerando que esta fuerza productiva genera 7.4% del PIB, se manifiesta que el sector cultural tiene una productividad equivalente al doble del promedio nacional, con alto potencial para la generación de empleos. Es así como las ICC contribuyen positivamente a la realización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas, al crecimiento económico –objetivo número 8—, al aportar más de 3% a la economía nacional, y generar 2.4% del empleo total e inducir el consumo. Igualmente, fomenta la innovación –objetivo número 9— con la adopción de las TIC en sus cadenas de valor.

 A pesar de su valiosa contribución al desarrollo nacional, 67% de los creadores no cuenta con ningún tipo de contrato laboral, y 85% carece de prestaciones laborales. Bajo estos antecedentes fue que se propuso la Ley General de Cultura, expedida el 19 de junio del 2017. Esta ley, además de garantizar el derecho a la cultura, a sus diversas manifestaciones, y exhortar a municipios, estados, dependencias y entidades de la Administración Pública Federal a cooperar para asegurar dichos principios, sienta las bases para que los creadores perciban un mercado laboral más justo. Es un reto que merece atención de todas las esferas del gobierno el incorporar a creadores y creativos de la cultura a la seguridad social a través del aprovechamiento del mandato del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y alentar la creación de sub fondos especiales a la vez que se propicie el establecimiento y operación eficiente de Fideicomisos, programas y otros esquemas que faciliten el acceso al financiamiento y apoyos para proyectos artísticos y culturales.

Economía Sombra

En los últimos años, gracias al avance en la medición y el reconocimiento de la aportación de las Industrias Protegidas por el Derecho de Autor (IPDAs) han surgido diversas mediciones de la cultura basadas en la metodología de la OMPI y que se desprenden de los registros obtenidos por el INEGI. Sin embargo, existe un componente que se incluye por ser una fuerza conducente en el mercado mundial, pero es raramente reconocido a pesar de su impacto: la economía sombra.

Este concepto se refiere al cúmulo de bienes y servicios informales, ilegales y digitales que no son detectados por las mediciones oficiales, por lo cual no generan una aportación al fisco ni conllevan acuerdos contractuales que supongan garantías formales[3]. En el mercado mexicano, esta terminología adquiere una gran importancia debido a la proporción de mano de obra que labora bajo este tipo de esquema y el enorme valor que aporta a la economía.  De acuerdo con el INEGI, en 2015 cerca del 23.7% del Producto Interno Bruto (PIB) en México fue generado por la economía informal.[4]

De hecho, en el ámbito de las IPDAs, la economía sombra es un componente que ha crecido más que proporcionalmente y aporta hoy en día más del 2.8% de la contribución económica de la cultura y creatividad en el país. Entre los componentes que involucra esta aportación se encuentran actividades como las obras de artistas independientes, la venta de pinturas o artesanías en puestos callejeros, la reventa de boletos para eventos culturales o la interpretación de música en eventos privados, entre muchas otras actividades.

La Economía Sombra de México, alcanza el rango de 27-40% de la actividad económica oficialmente registrada (Banco Mundial), e igualmente el INEGI por medio de la medición de la economía informal estima que en 2013 representó 24.8% en la producción bruta total del país. A partir de ejercicios de generación de indicadores sabemos hoy que las Industrias Culturales y Creativas contribuyen considerablemente al desarrollo y crecimiento económico del país. Siguiendo la metodología del estudio ¿Cuánto vale la Cultura?realizado por Ernesto Piedras donde se incluye a la economía sombra, cifras preliminares para el año 2016 muestran que del porcentaje que aportan las industrias culturales al PIB, 44% corresponde a la Economía Sombra anualmente.

Cuenta Satélite de Cultura en México

Como resultado de los esfuerzos gubernamentales, en 2016 culminó el más reciente esfuerzo por generar información que nos permite conocer al sector con la publicación de los resultados de la Cuenta Satélite de la Cultura. Este esfuerzo representa un paso en la dirección correcta en cuanto a la generación de información estadística que permita el análisis académico de los fenómenos culturales nacionales.

De acuerdo a sus estimaciones, el PIB de este sector presentó una variación anual de 2.2% en valores constantes en el año 2013 respecto al año anterior. Esta variación es superior al crecimiento del PIB del país, que se ubicó en 1.4 por ciento[5]. De acuerdo con la medición más reciente de la Cuenta Satélite de la Cultura, la contribución económica del sector cultural al Producto Interno Bruto (PIB) nacional alcanzó un monto de 617 mil 397 millones de pesos en 2016, mismos que representan 3.3% del PIB total del país[6]. En términos laborales, el sector generó alrededor de 1 millón 359 mil 451 puestos de trabajo.

De la misma manera, las industrias clave del sector son la Industria de Medios Audiovisuales, que aportó 37.7% al PIB de la Cultura en 2016 y que incluye a la industria cinematográfica, industria cuyo PIB ascendió en 2014 a $4,873 millones de pesos[7], monto que representó 0.03% del PIB de la economía nacional en el mismo año[8], la Industria Artesanal, que contribuyó con 17.8%, la Industria de Diseño y Servicios Creativos que aportaron 8.3%, la Industria de Artes Escénicas y Espectáculos que aportó 5.5%, pudiéndose observar que el monto de las erogaciones por el disfrute de las prácticas culturales es superior a los 30 mil millones de pesos. La Difusión Cultural en Instituciones Educativas aportó 4.8%, la Industria Editorial contribuyó con 3.9% al PIB Cultural total[9], siguiéndole el Patrimonio Material y Natural aportando 1.7%, la Industria de Artes Visuales y Plásticas, que aportaron 1.5% al PIB de la Cultura y finalmente la Industria Musical que aportó 1.2% al PIB Cultural.

Cultura y Tecnología

Desde el 2010 con la Agenda Digital 2010-2012, y posteriormente con la Estrategia Digital Nacional (EDN), se han comenzado a tomar acciones para reducir la brecha digital del país. Esto representa un importante factor de crecimiento en el sector cultural y creativo ya que esto permitirá mayor acceso a contenidos y facilitará la comunicación entre creadores. Sobre todo, se ha observado que las Tecnologías de Información y Comunicaciones (TIC) son una plataforma tanto de consumo como de creación de contenidos culturales y creativos.

El acceso a dispositivos y servicios ha permitido que las ICC tomen un papel dinámico y adaptativo. Por ejemplo, la industria musical mantuvo durante muchos años un eslabonamiento que iniciaba con el autor y terminaba con el consumidor. Esta cadena de valor tradicionalmente comenzaba con la creación de música y canciones por parte de los autores y compositores (fase creativa). Esta etapa se mantiene a pesar del cambio que ha vivido la industria. No obstante, hoy en día la tecnología ofrece la posibilidad de realizar la edición y la grabación de contenido de manera satisfactoria con menores costos. Asimismo, el uso de TIC ha beneficiado a un gran número de intérpretes que realizan la difusión de su trabajo de manera independiente.

El futuro de las ICC: Jóvenes Creadores

Se ha identificado que las nuevas generaciones de creadores, también denominados trendsetters o emprendedores culturales, presentan patrones de empleo diferentes a los tradicionalmente relacionados con la creación cultural como resultado del uso de tecnología y redes sociales.[10] Por ello, actualmente contar con una conexión a internet se vuelve una herramienta fundamental para competir en el entorno global. Tal es el caso de los jóvenes creadores que residen en la Ciudad de México. De acuerdo con la encuesta de Estrategias Creativas y Redes para el Desarrollo 2012, 91% de ellos revelaron contar con conexión a internet, condición importante y casi necesaria para la distribución del contenido creativo que generan, a través de redes sociales y medios en línea.

Es así como las redes sociales constituyen una herramienta esencial en la producción y difusión de obra. La frecuencia en uso y la penetración de estos servicios en los jóvenes permiten inferir el papel esencial que este tipo de plataforma juega y permite una aproximación a las utilidades prácticas y laborales que ofrecen a los artistas. Los resultados muestran que 98% de jóvenes creadores accede a redes sociales, cifra de penetración más elevada que la conexión a internet propia. Dicho resultado muestra un comportamiento similar al nacional.

De esta manera, con la evolución tecnológica las opciones para los creadores en términos de distribución y creación han aumentado y han propiciado un cambio en la forma de apropiarse de contenidos y en la rapidez con la que se pueden generar bienes y servicios culturales. Es decir, la tecnología constituye la manera más sencilla y ágil de distribución de contenidos a nivel global. Esta herramienta constituye una oportunidad de desarrollo para las ICC nacionales ampliando su alcance, en el caso de los contenidos, y su mercado, en el caso de los bienes y los servicios.

Por su contribución al aparato productivo, las TIC cobran importancia en el desarrollo de las políticas culturales en un contexto de búsqueda de la conectividad universal. El derecho a la conectividad se posiciona también como un facilitador de derechos económicos, a la educación, a la salud, a la expresión, acceso a servicios y por supuesto, a contenidos culturales, entre otros. Al respecto, se destaca que México se encuentra en una fase de cambios con grandes retos y desafíos, entre los cuales se encuentra alcanzar el Mandato Constitucional de garantizar conectividad universal (Artículo 6º) con la finalidad de generar crecimiento en diversos sectores.

Algunas reflexiones

Las industrias culturales juegan un papel central en la construcción de una sociedad basada en el conocimiento y enfocada al desarrollo. El Producto Interno Bruto de dichas industrias alcanzó los 490 mil 446 mdp. Asegurar el desarrollo efectivo de éstas no significa sólo entenderlas, sino incorporarlas y adaptarlas.

Hoy más que nunca, es necesario que la cultura sea el motor de desarrollo económico y social de México, en un principio por su capacidad de provocar crecimiento económico virtuoso, tanto a nivel nacional como internacional, y por su naturaleza creadora y potenciadora de empleos dignos y productivos. Sobre todo, la cultura deberá ser el estandarte del desarrollo por su capacidad inherente de fortalecer el tejido social mientras fortalece la economía, de celebrar la riqueza nacional mientras la genera, y de forjar unión en un país donde la pluralidad es identidad.

[1] Políticas Culturales, Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), Disponible en: http://www.oei.es/cultura/politicas_culturales.htm

[2] Como porcentaje de la PEA inferior a la del PIB. Políticas Culturales, Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), Disponible en: http://www.oei.es/cultura/politicas_culturales.htm

[3] Véase Piedras Feria, Ernesto, Guatemala: Un Análisis de la Contribución Económica de la Cultura, Guatemala, Ministerio de Cultura y Deportes y Banco Interamericano de Desarrollo, 2007, p.28.

[4]  Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Medición de Economía Informal. Disponible en: http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/boletines/2015/especiales/especiales2015_12_36.pdf (consulta: noviembre 2017)

[5] INEGI, Sistema de Cuentas Nacionales de México: Cuenta Satélite de la Cultura de México 2013, Preliminar, 2015

[6] INEGI, Sistema de Cuentas Nacionales de México,  Cuenta satélite de la cultura de México, 2015. Disponible en: http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/proyectos/cn/cultura/default.aspx

[7] INEGI, Encuesta Nacional de Consumo Cultural en México 2015

[8] IMCINE, Anuario Estadístico de Cine Mexicano 2016

[9] Op. Cit., INEGI

[10] García Canclini, Néstor & Piedras, Ernesto (coords.)¸ Jóvenes creativos. Estrategias y redes culturales, México, Juan Pablos Editor, UAM-Iztapalapa, 2013.

Autor

  • Ernesto Piedras

    Autor de diversas publicaciones como ¿Cuánto vale la Cultura? Contribución Económica de las Industrias Protegidas por el Derecho de Autor. Líder de opinión en medios y consultor de la UNESCO, OMPI, OEI.

Author avatar
Ernesto Piedras
Autor de diversas publicaciones como ¿Cuánto vale la Cultura? Contribución Económica de las Industrias Protegidas por el Derecho de Autor. Líder de opinión en medios y consultor de la UNESCO, OMPI, OEI.